"La igualdad de género ha de ser una realidad vivida –Michelle Bachelet, presidenta de Chile (Oxfam, 2021) De ser una mujer es de sentir miedo profundo y entender que las experiencias de las mujeres son menos importantes que los privilegios de los hombres. Un gran porcentaje de mujeres han experimentado el acoso sexual; según las naciones unidas en 2017, entre los 25 países con las tasas más altas de feminicidios en el mundo, 14 son de América Latina y el Caribe (Lira, 2017). Generalmente, los hombres –quienes son el gran porcentaje de los actores de acoso sexual– no son obligados a ser responsables de sus acciones. A veces, eso es por normas de sociedad que suponen los hombres ser ruidoso y grosero mientras culpan a las mujeres por la ropa o actitud. El acoso sexual es una herramienta social que ejercen el patriarcado para robar mujeres de independencia.
El acoso y violencia en espacios públicos tiene una variedad de expresiones: miradas no deseadas, gestos y comentarios lascivos hasta ataques físicos y violaciones, limita la participación de las mujeres en las escuelas, los lugares de trabajo y la vida pública. El acoso en las calles restringe la movilidad de mujeres, especialmente en espacios públicos. Por la amenaza, ellas evitan ciertos lugares o actividades; eso claramente replantea el espacio público como espacio masculino. También, es una fuerza de desempoderamiento que enseña a las niñas que sus sexualidades son una vulnerabilidad y un chisme. Las mujeres están sometidas al acoso sexual desde cuando el cuerpo de ella empieza desarrollar sexualmente hasta cuando ella no es considerada un ser sexual por estar vieja. Muchos hombres justifican sus actividades a través de vinculación masculina y otros en decir que fue un chisme o para humillarlas. Ninguna de esas justificaciones apoyan una práctica que destruye la libertad, seguridad e igualdad de las mujeres. (Bowman, 1993)
A pesar de las altas tasas de delincuencia en América del Sur, no se ha establecido un gran movimiento político para parar el acoso sexual, pero algunos países han empezado determinando soluciones para la violencia. En Chile, uno de los primeros de tomar acción, una estática 2015 destaca que tres de cada cuatro mujeres experimentaban acoso sexual en el año anterior. En represalia, Chile implementó una nueva ley que subraya que los condenados se enfrentan a posibles multas y hasta cinco años de prisión. La definición exacta de acoso sexual en Chile lo hizo posible estudiar y criminalizar más fácilmente. María José Guerrero, titular de la OCAC, que hizo campaña por la legislación comenta en el machismo que se ha normalizado en la sociedad y mantiene una cultura de masculinidad tóxica; la sociedad culpa a las mujeres por su ropa hasta se les dice que no pasó. Además, Guerrero menciona un crecimiento en el movimiento #MeToo en Chile donde mujeres luchan por su independencia. (Moloney, 2020)
Existe otra rama del movimiento en Guatemala que es liderada por Ana Sáenz, una estudiante de 20 años. Un movimiento de país empezó con un proyecto de investigación en la universidad San Carlos que reveló tasas altas de acoso sexual en el campus. Sáenz declara “Como mujer, creo que es muy injusto que, a pesar de los esfuerzos de las valientes mujeres que nos han precedido y nos han abierto el camino, todavía tengamos que seguir avanzando para disfrutar de todos nuestros derechos”.(Fao, 2019) La investigación revela que no solo las tasas de agresión sexual eran altas –ella encontró 700 casos de acoso sexual– pero también, las víctimas experimentaban la violencia frecuentemente; El 21,7 por ciento de los encuestados informaron haber sufrido acoso sexual un par de veces al mes; el 17 por ciento dijo que sucedía dos o tres veces por semana; y para el 10, el5 por ciento de los encuestados, el acoso se produjo varias veces al día. Eso impacta gravemente la capacidad para estudiantes, particularmente las mujeres, de estudiar y sentirse seguras en su universidad. La ausencia de repercusiones en el sistema universitario –como la sociedad en general– es inaceptable y peligroso. (UN Women, 2019)
Para concluir, el acoso sexual en la sociedad es una amenaza grande para mujeres y es un gran limita para ellas de lograr igualdad. A pesar de que existe movimientos para oponer el acoso sexual, el problema es sistémico y se necesita dirigir con un cambio total de poder en el mundo; el patriarcado beneficia del control de mujeres así no puede existir seguridad, igualdad y libertad para mujeres debajo del sistema actual de poder; se necesita una fuerza masiva y radical.
Bibliografía
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Bowman, C. G. (1993a). Street Harassment and the Informal Ghettoization of Women. Harvard Law Review, 106(3), 517. https://doi.org/10.2307/1341656
Fao, C. (2019a, noviembre 26). Estudiantes de Guatemala lideran batalla contra violación y acoso sexual. IPS Agencia de Noticias. https://ipsnoticias.net/2019/11/estudiantes-guatemala-lideran-batalla-violacion-acoso-sexual/
Lira, C. P. L. (2017a, diciembre 7). Latin America: The most dangerous place to be a woman | Glocal Notes - University of Illinois at Urbana-Champaign. https://publish.illinois.edu/iaslibrary/2017/12/07/latin-america-the-most-dangerous-place-to-be-a-woman/
Moloney. (2020a, febrero 8). Chile gets tough on sexual harassment in the streets. World Economic Forum. https://www.weforum.org/agenda/2019/04/chile-gets-tough-on-sexual-harassment-in-the-streets/
Oxfam, E. (2021a, mayo 17). Frases de igualdad de género que inspiran. Ingredientes que Suman. https://blog.oxfamintermon.org/frases-de-igualdad-de-genero-que-inspiran/
UN Women. (2019, 20 noviembre). Student leaders in Guatemala lead research and advocacy to end sexual harassment. UN Women â Americas and the Caribbean. https://lac.unwomen.org/en/noticias-y-eventos/articulos/2019/11/feature-student-leaders-in-guatemala-end-sexual-harassment