La fluidez en sexualidad de mujeres no heterosexual floreció de una insolación creada para perpetuar la imagen de mujer como sirviente de patriarcado y capitalismo. El cuerpo no heterosexual es castigado y rechazado en muchas sociedades como una perversión y una contradicción del estado; ser queer significa que el pudor y la deshonra caen sobre el individuo y la familia. (Peterson, 2014) Con la perspectiva del oeste, yo investigo el teoría y las experiencias vividas de mujeres no heterosexual en el primer y segundo mundos a través de una perspectiva influida por la academia de estados unidos y el primer mundo. En este contexto, yo uso queer – una palabra peyorativo en inglés reclamado por la política queer– para describir los cuerpos que no identifican como heterosexual, pero es importante señalar que esté término no existía en la sociedad rusia hasta recientemente y queer no puede capturar la fluidez y complejidad de Rusia. (Stella, 2016) La regulación de la expresión queer–tanto los actos sexuales desviados como las identidades, está vinculado con la dominación por el estado sobre los ciudadanos como parte de una historia enorme donde la autoridad mantiene desigualdades para dividir revolución y asegurar una clase de obreros. (Peterson, 2014) La autodeterminación y acceso a los espacios públicos de mujeres no heterosexual está vinculado con el control del estado y normas sociales que regular las prácticas de la esfera privada de ellas, con leyes y normas sociales que se controlaron la libertad de mujeres queer –como en la procreación– con reproducciones tradicionales de la feminidad.
Hoy en día, se está pensado que heterosexualidad y homosexualidad como el opósito siempre han existido, pero, en realidad, estos conceptos fueron nombrados recientemente en el primer mundo para enmarcar heterosexualidad lo normal y homosexualidad una perversión. Antes de 1868, solo existía conductas sexuales que, a veces, fue hecho tabú, pero la construcción de las identidades se hace posible dividir y caracterizar personas de acuerdo con deseos sexuales; antes “the emphasis was always on the act, not the agent” (el énfasis siempre estuvo en el acto, no en el agente) (Blank en Ambrosino, 2017). Esta distinción se presentó con la urbanización inmenso en Europa y Norteamérica durante de la revolución industria. Con este aumento de población, particularmente de la clase obrera, se aumentó la concentración de actividades y conducta sexual inapropiadas. La creación de una vinculación entre la conducta sexual y las poblaciones de clase media y bajo crea una oportunidad de criminalizar y dirigir estos individuos, particularmente en las intersecciones de identidades marginalizadas. Esta regulación no fue relegada a la esfera pública, las normas y leyes permitieron la regulación de relaciones íntimas y personales entre individuos del mismo sexo e implicó una invasión de esfera privada.
Como en las clases sociales, la jerarquía es la principal forma de
dominación en la sociedad humana y requiere la continuación de
explotación enfocada en cuerpos marginalizados; la brecha entre los
ricos y pobres. “the increased significance of (inheritable) claims to
property and membership prompts regulation of women’s sexuality, and
emerging divisions of labor foster particular constructions of
masculinity and femininity. (”La creciente importancia de los derechos
(hereditarios) a la propiedad y a la pertenencia a una sociedad impulsa
la regulación de la sexualidad de las mujeres, y las divisiones del
trabajo emergentes fomentan determinadas construcciones de la
masculinidad y la feminidad“). (Peterson, 2014, p. 393) Aquí existe una
sociedad motivada por la producción y el consumo que enfatiza la mujer
como un productor de los obreros y la cuidadora de hombres. El dominio
sobre las mujeres marca una legacía grande de trabajo emocional, físico
y laboral explotado: en el matrimonio, la mujer se convirtió en
propiedad para servir el hombre sexualmente y emocionalmente, y
capitalismo en la capacidad de procreación de fuerzas laborales.
(Peterson, 2014) En esta sociedad, la lesbiana, una mujer que no le
interesa el bienestar de hombres y quien tiene menos de ganar del
capitalismo y patriarcado, no sirve a ella la participación. De acuerdo
con RadicalLesbians en estados unidos,”To be a woman who belongs to no
man is to be invisible, pathetic, inauthentic, unreal" (“Ser una mujer
que no pertenece a ningún hombre es ser invisible, patética,
inauténtica, irreal”) (Radicalesbians, 1970). En esta construcción de
sociedad, la experiencia e identidad femenina, fuera de su relación con
hombres, es invisible. Aquí, ella no tiene autodeterminación sobre su
identidad individual ni la creación de espacio privado que no se puede
entrar el hombre.
Mientras que las mujeres pierdan su libertad para servir el estado o
la casa en procreación y para tener un comportamiento pasivo, los
hombres ganan su libertad y se les anima a los hombres a conquistar y
dominar. Es a través de esta definición de feminidad y la masculinidad
como el opósito donde las normas sociales y leyes de comportamiento
puede dirigir las esferas privadas de mujeres. Según Segato, “[a]flora
aquí el mandato de masculinidad como primera y permanente pedagogía de
expropiación de valor y consiguiente dominación”(Segato, 2016) La
feminidad existe en contraste de la dominación de masculinidad para
crear una separación entre el dominador y los dominados que es central
de la jerarquía. La imagen rígida y dominante de feminidad rechazó
conexiones románticas, las discusiones sobre la sexualidad y la
oportunidad de desarrollar la autoexpresión y realización personal.
Dentro de un sistema que enfoque producción y consumo, el deseo es una
amenaza, “[e]s así que el deseo de las cosas produce individuos,
mientras el deseo del arraigo relacional produce comunidad” (Segato,
2016, p. 30). A través del control del cuerpo femenino– la sexualidad,
la reproducción, la expresión y el placer, hombres robar a las mujeres
su capacidad innata y poderosa de crear comunidad y fomentar conexiones
con la tierra, ella misma y otros individuos, para explotar su capacidad
de procrear y servir. (Federici, 2021)
Las identidades no heterosexual no fue tan desarrollado en el segundo mundo que en el primer mundo; en vez de la criminalización legal y social de homosexualidad, Rusia enfatizó que relaciones entre hombres y mujeres fue el único tipo sancionado de sexualidad a través de propaganda que enfoque procreación y la familia nuclear. Las identidades no heterosexuales fueron conceptualizadas como en el primer mundo, pero los actos fueron castigados e individuos experimentaron la vergüenza y violencia extrema, particularmente en espacios rurales. Adicionalmente, a pesar de fluctuaciones con la rigidez de la regulación de ciudadanos, la autoridad en Rusia soviética y post-soviética enfatiza el rol de mujeres en reproducción y hace menos esfuerzo en domesticar mujeres y convertirlas en propiedad. Los cuerpos de mujeres, sin tener en cuenta el consentimiento, e incluyendo su útero -un espacio dentro del cuerpo de la mujer- las figuras masculinas ocupan y roban a las mujeres y su libre albedrío.
Estas mujeres no heterosexuales de la era soviética y post-soviética sirven como ejemplo de aislamiento por no encajar en el molde de privilegio: el hombre blanco heterosexual de clase alta. Ellas experimentaban deseo por el mismo sexo y/o relaciones en insolación de una comunidad “lesbiana” y, por eso, no existía prácticas sociales ni una narrativa de identidades queer en Rusia. En Lesbian lives in Soviet and Post-Soviet Russia por Stella, Tania (nacido en 1969, Moscú) explica “I understood that I loved the person, and this person happened to be a woman.[…] I knew, I had read about the fact that these women, who love women, exist. But I didn’t rank myself as one of them” (“Comprendí que amaba a la persona, y esta persona resultó ser una mujer.[…] Sabía, había leído sobre el hecho de que estas mujeres, que aman a las mujeres, existen. Pero no me consideraba una de ellas”.(Stella, 2016, p. 61) Esta mujer conecta este falta de identificación con una comunidad de mujeres que desean y aman mujeres por la falta de espacios públicos como los bares, los cafés y las organizaciones. También, no existía espacios privados para mujeres queer porque se esperaba que vivieran con su familia o su esposo o, en la época soviética, estas mujeres vivían en viviendas comunales públicas. El dominio del estado y de normas sociales limitaban acceso de intimidad y privacidad para mujeres no heterosexual en tanto la esfera pública que la privada.
El matrimonio fue central en la sociedad rusia como una estructura obligatoria y de rechazar el sistema significaría marginalización por no cumplir con normativas de género y por la estigmatización de relaciones no heterosexuales. Según el censo de 1989, solo 3.7% de hombres y 3.5% de mujeres no fueron casados y, a pesar de tasas altas de divorcio, el nuevo casamiento era común. ‘Lesbianas’ decidieron de casarse por un múltiple de razones, y unas varias veces: para desviar la sospecha de sexualidad, un deseo para criar niños, una conexión genuina con un/os hombres o el cumplimiento con expectativas. A veces, estás mujeres disfrutaban de sus relaciones, pero otras describen una depresión de vivir inauténticamente. Esta vivencia de matrimonio heterosexual y alegre para un individuo queer no cumple con mis expectativas de lo queer, es difícil de imaginar el placer en una experiencia heterosexual para alguien no heterosexual. Pero, es importante anotar que, en el contexto de las vidas de estas mujeres, existía pocas opciones que limitaba extremamente la autonomía de mujeres de decidir un compañero/a de casa y de vida.
Es interesante e importante de anotar las diferencias entre la construcción de las identidades no heterosexual en el primer mundo, en comparación del tratamiento de mujeres y ‘lesbianas’ en Rusia por la dominación conexa de la reproducción femenina y la sumisión al marido, en el primer caso, y al Estado, en el segundo. Ambas sociedades construyeron y mantienen jerarquías que sostienen el patriarcado y la producción: producción de mano de obra y mercancías, que dominan mujeres y las roban de placer, conexión y autonomía. El acceso de las mujeres queer a los espacios públicos compartidos es esencial para la autodeterminación, pero su acceso a dichos espacios se ve limitado por las normas tradicionales y las actitudes y políticas estatales hacia el género y la expresión sexual. Incluso en un Estado -como la primitiva Unión Soviética- que tenía un compromiso ideológico y un interés económico propio en la igualdad entre los sexos, acabó limitando el acceso de las mujeres a esos espacios por su insistencia en centrar el papel de la mujer en la procreación en su propaganda y su política. Un Estado realmente interesado en fomentar la autodeterminación de género y la expresión sexual tendría que dar prioridad en sus políticas a la creación o capacitación de las mujeres para crear esos espacios.
Referencias
Ambrosino, B. (2017, March 15). The invention of ‘heterosexuality’. BBCpage. https://www.bbc.com/future/article/20170315-the-invention-of-heterosexuality
Federici, S. (2021). Brujas, caza de brujas Y mujeres.
Kondakov, A. (2013). The silenced citizens of Russia. Social & Legal Studies, 23(2), 151-174. https://doi.org/10.1177/0964663913505315
Peterson, V. S. (2014). Sex matters. International Feminist Journal of Politics, 16(3), 389-409. https://doi.org/10.1080/14616742.2014.913384
Radicalesbians. (1970). The woman-identified woman. https://www.historyisaweapon.com/defcon1/radicalesbianswoman.html
Segato, R. L. (2016). Introducción. La guerra contra las mujeres.
Stella, F. (2016). Lesbian lives in Soviet and Post-Soviet Russia: Post/Socialism and gendered sexualities. Springer.